viernes, 25 de septiembre de 2020
Montaña
Una sonata rápida
Que masca las teclas
Y que cruje el aire
Con chirridos infernales.
Son demonios alados,
Que confunden
E inquietan la calma.
Chupa almas.
Del otro lado
Y en otro tiempo
Mi abuelo,
Es un templo
Que poco a poco
Se desquebraja.
De este lado,
Una familia
Veladora de vida
Flama que se apaga con suavidad
Letanía que oscurece
Su cadencia y sinfonía,
Ese ritmo que termina,
Y que también
Sobre la muerte
Hay vida.
La hierba,
Los mosquitos,
Son la vida,
Y como la vida,
Se cuelan
Apenas imperceptibles,
Y en esa comparación,
La vida se subleva.
Quién dice:
Mi destino es la muerte-
Cómo podría,
Tomar la cuchara
Y saborear la sopa,
Reflexiono.
Ese crujir agudo
Que en la noche
Se vuelve cascada
Y agoniza
Mi paciencia.
Mastica la vida,
Con fauces de hierba
Y come y se arrastra
Cómo una rata
Buscando respuestas.
martes, 24 de julio de 2012
El mercado, la gallera y el campo
Corría el año de 1991 en el barrio de la Moctezuma, y de la placa a la cruz había un larguísimo camino que con los años se fue haciendo más corto. La placa era el centro comercial del barrio, donde los domingos había que correr a cargarles las cosas a las mamás. Era el viacrucis forzoso de acompañar entre el tumulto a la madre, con bolsa en la mano, quizás ahí fueron los primeros momentos de mi reflexión, mientras mi madre preguntaba por los precios de los jitomates o del queso jarocho. Muchas veces, mi reflexión se basaba en los videojuegos que estaban enfrente de todos los puestos de aquel mercado ambulante. Las “maquinitas”, como nosotros les llamábamos, embelesaban hasta al propio diablo si fuera niño, y sobre todo, si hubiera nacido en la Moctezuma o alrededores. De repente llegaba cualquier muchacho con la habilidad extraordinaria de dominar todos los trucos de los videojuegos de peleas. Cuando me daba cuanta, ya había pasado bastante tiempo mirándolo, sin un quinto en la bolsa. Muchas veces, no era necesario tener dinero, la niñez ayudaba a mirar y disfrutar de la video-odisea de un muchacho desconocido y que por lo mismo, envuelto en misterio. Una vez miré como uno de aquellos habilidosos prensaba de la camiseta a otro y le echaba una mirada centelleante frente. Yo tenía diez años quizás, y a esa edad, una imagen de ese tipo puede crear todo un sistema de pensamiento que determinará toda tu vida. Para mi esa mirada fue inspiradora, encontré en una mirada de ese tipo la valentía y el desafío, siempre la admiré. Hubo alguna vez, no recuerdo bien, que la imité frente al espejo. Después pasados los años, ya estando en la universidad, fui de visita a mi casa, al barrio, y mientras caminaba por la placa me topé con aquel muchacho. Sentí un profundo respeto por él.
Alguno de aquellos días, en lo que la posibilidad musical era Bronco, Selena o Magneto ocurrió la revolución de los niños en el barrio. Era la tarde cuando la avenida cuatro se inundaba de niños que corrían hacia la cruz. Llegó un niño y nos dijo a mis amigos y a mí que estaban apedreando a la gallera. La gallera era una señora que vivía por la cruz. Era una señora que tenía la fama entre nosotros los niños de ser una bruja. Recuerdo la peligrosidad de pasar frente a su casa en ruinas, tapada por tejas. Todos corrimos a ver qué era lo que pasaba. Mientras yo iba corriendo hacia la cruz a mirar qué pasaba, vi como niños con sombrero, como si hubieran venido de algún rancho alejado, le lanzaran piedras. Miraba el impulso que tomaban sus cuerpos para aventar las piedras a la pobre casa. La gallera gritaba quien sabe qué cosas que ya no recuerdo, y para mi, es como si aventara igualmente piedras, pero con gritos. Mientras unos niños estaban aventándole piedras, otros estaban recogiéndolas para aventárselas. Mis amigos y yo no aventamos nada, sólo nos acercamos lo más que podíamos. Entonces vi por primera vez la fotografía de un niño con sombrero corriendo hacia la placa. No dejé de sorprenderme al ver a tantos niños que no eran del barrio ocupar cada parte de la avenida cuatro aventando disparos certeros contra esa casa. También sentí el alivió de que por fin, algunos hayan tomado el asunto en sus manos, porque en el fondo de mi pensamiento creía que en verdad ella era una bruja. Con el tiempo, la gallera quizás murió, quizás se fue del barrio.
Alguno de esos días, hice uno de mis viajes más largos que marcaron mi independencia sobre mis papás. Mientras jugábamos, a alguien se le ocurrió la idea de ir al campo de futbol. El campo quedaba cerca del cerro y sólo sabía que estaba más lejos que cualquier otro lugar. Nos encaminamos hacía el lugar, y como yo era el más chicho de todos mis amigos siempre tenía un cuidado especial. Pasamos frente a la cruz y entramos a un pasillo lánguido. Fue entonces cuando ame como nada el olor a establo. Las vacas eran seres enormes y en paz. Entrar al establo era como entrar a un cuento de los más extraordinarios y mágicos. Hubo quien se decidió a tocarlas y descubrió que eran quietas, que sólo estaban ahí, como esperando sorprender con sus enormes y preciosos cuerpos a quien pasara. Unas volteaban y entonces nos alejábamos unos pasos atrás, pero sólo nos miraban. Seguíamos nuestro camino por la vereda hacía la presa de agua y el rio. La presa era una enorme pila de agua que desembocaba a un rio que sin ser tan grande era igualmente de extraordinario que las vacas. Pasábamos el rio y enseguida estaba “la posita de agua”, una especie de boca de tierra y piedras de donde nacía el agua, pura, limpia y cristalina. Era más sabrosa que el agua que bebía en casa, más fresca que cualquier baño que hubiese tomado, más refrescante y divertida que cualquier alberca a la que hubiera ido. Y tan sólo el hecho de beberla y regarla en la cara y la cabeza era suficiente para tomar fuerzas y seguir con el viaje. Subíamos la vereda, rodeados entre árboles como centinelas, endulzados por las piedras, la tierra y la yerba verde. Sólo un cielo azul podía ser el resguardo que nos vigilaba desde lejos, y nos cuidaba en la vereda. Al salir de todo eso entrábamos a los grandes cañales. Descubrí los aguates y el precioso método para chupar caña de azúcar. Después de tanto recorrido llegábamos al campo, rodeados por cerros imponentes. El primer viaje solo, mi primer encuentro con la naturaleza y el descubrimiento de los frutos deliciosos que la madre tierra tiene para sus hijos, los niños del barrio.
sábado, 17 de marzo de 2012
El grito en la Placa
Todos los años en las fiestas patrias en la placa se hacía el fiestón. Los organizadores de las fiestas desde unos meses antes iban de casa en casa pidiendo dinero para poder solventar los gastos de grupos musicales, luchas libres, juegos artificiales y demás eventos jocosos que a la gente de los barrios cercanos les gustara. El jolgorio comenzaba desde que veíamos que armaban los fierros viejos que formaban el rin, y a poner las tablas apolilladas que servirían para soportar a los músicos. La imaginación mía y de mis amigos era la misma como la de un día antes de el día de Reyes. Corríamos para un lado como chinanpines y corríamos para el otro como tocotines anunciando el regocijo de las fiestas patrias. Con el tiempo nos fuimos enterando del significado de esas fiestas, de las historias de la independencia y de nuestros antepasados, pero mientras era más sorprendente ver todo tan grande y lleno de colores. Dos días antes del mero día del grito ya estábamos prendidos del rin para ver luchar a esos personajes que parecían pegarse con brutalidad. Los más soñadores quizás alababan desde la banqueta a los técnicos y los más sinceros gritaban improperios en contra de los rudos. Tengo que reconocer a través de mi débil memoria que por momentos pensaba que los rudos se nos venían contra nosotros. Parecían que estaban realmente enojados, pues contestaban con el mismo tono hiriente con que los chamacos se les dirigían. Después de que veíamos tirarse, pegarse y volar a los luchadores, el rin quedaba al desnudo para que los chamacos más ufanos se treparan y se metieran los guates en las manos y comenzaran a pelear. Ni yo, ni ningún amigo mio se subió al rin a hacer gala de sus más temibles golpes imaginarios. Sólo nos quedábamos a ver quien se sonaba a quien y apretujados por un montón de chamacos que gritaban y gritaban, quién sabe qué cosas. Cuando todo terminaba era la oportunidad de los más tímidos para subirse a la lona. Nos aventábamos de un lado para el otro, de una cuerda hacia la otra queriendo imitar lo que pasados momentos habíamos visto. Pero después de un rato nos aburríamos y no había quien sacara un balón de futbol descocido o en los peores casos ponchado y nos pusiéramos a jugar futbol, o como nosotros siempre le dijimos: a echar la cascara. Piedras de sobra había, por lo que las usábamos para formar las porterías. Y así se pasaba la tarde hasta que alguna inoportuna madre llamaba a alguno de nosotros. Y de ahí, como si se hubieran puesto de acuerdo las demás mamás y papás, nos metían. Al único que no le gritaban pero le chiflaban, con un silbido tan fuerte que se escuchaba hasta la otra cuadra, era al “sapo”, que se iba hacia su casa cabizbajo. Desmoralizados nos metíamos a nuestras casas, sólo pensando en el día siguiente. Y de nuevo las luchas y la algarabía de todos los muchachos animando como en coro todo el teatrito. Ya mi mamá me metía a bañar, ya me secaba, me vestía para prepararme e ir a la placa de nuevo. Si por mi fuera, el baño no hacía falta para salir, y con cada espera, solamente más crecía mi ansia. Entonces comenzaba a sonar la música que se escuchaba hasta mi casa y comenzaba el trote con los demás hacia el sonido chunchaquero de aquellos tiempos. Todo aquel borlote era un crisol de oportunidades para enrolarse en aventuras inimaginables. Por este lado estaban los churros, por este otro estaban las memelas, todo rodeado de puestos de comida y por montones de gentes que venían de barrios un poco más lejanos, que en aquellos tiempos me parecían remotos. Sin embargo, había un lado especial, uno que todos veíamos y que esperábamos con ansias. Era donde estaba el torito. Siempre me pareció que la persona que se echaba a cuestas el torito estaba loco para hacer aquel acto suicida. Una vez, cuando mi tía y mi primo fueron a visitarnos, estando lejos del torito y de su escarbado camino, una chinanpina o buscapiés se le metió entre los pies de mi primo Paco. Acto seguido, comenzó a correr espantada. No sabía si preocuparme o reírme. Unas horas antes del grito, el grupo comenzaba a tocar las canciones que estaban de moda en el barrio y yo creo que en muchos barrios de la ciudad. Y en un momento del cual no quisiera recordar, por la vergüenza, llama el grupo musical a alguien echarse el palomaso. Mi mamá que le gustaba el relajo y que carecía de vergüenza hacia su hijo, fue semi remolcada por mis amigos hacia el estrado. Y aunque “pastillas de amnesia” no fue la canción más popular de Bronco, es la que más recuerdo. Con voz entre chillona y desafinada, mi madre comenzó a cantar mientras que mis amigos se la pasaban de lo lindo al ver que su candidata estaba teniendo su momento de existo en el barrio y que su hijo se agachaba para que no lo vieran. Después de que se me bajara el rubor de mis mejillas, entrada la noche, paró todo el borlote habido y por haber. Y con miradas centellantes observábamos como salía el torito de aquel cuarto de tablas en que lo tenían guardado. Levemente, entre espanto y emoción, nos comenzábamos a alejar y a buscar un lugar más seguro entre la gente para que un cuete no nos fuera a explotar en la piernas o en el peor de los casos en nuestras caras. Comenzaban a encenderse las mechas y ya todo aquello era un escandalo y todos corríamos de un lado para el otro. El torito siempre fue atrevido, se le aventaba a la gente mientras sus luces reverberaban en el cielo y en el suelo. Uno quería que el torito no se apagara, porque cada vez que se apagaba algo en notros también lo hacía. Cuando el torito se apagaba y quedaba tendido en la calle era la oportunidad perfecta para que el más suertudo de los chamacos se lo echara encima y comenzara a correr como entrenando aquel oficio suicida. En eso, los distinguidos se subían al estrado, el que antes había sido ocupado por mi madre y su poco repertorio de canciones maltrechas, y comenzaban a exaltar la independencia y a sus héroes. Y aunque parecía que eso terminaría, era un cuento de nunca acabar, los músicos se echaban encima sus pobres instrumentos y de nuevo a tocar las canciones del momento del barrio. Sin embargo, ya era demasiado tarde para los que éramos niños y teníamos que irnos a meter a nuestras casas y a nuestras camas para soñar con el próximo año del grito, de sus luchas libres, de su torito, de sus puestos y de su música, en que por un momento, nuestras almas se engrandecían y sumergían con las más sinceras ilusiones.
Dedicado con cariño a mis amigos Iván, Beto, Adrián, Pibe, Mari, Araceli, Deysi, Richar y Luis, que alguna vez nuestros anhelos fueron los mismos.
Dedicado con cariño a mis amigos Iván, Beto, Adrián, Pibe, Mari, Araceli, Deysi, Richar y Luis, que alguna vez nuestros anhelos fueron los mismos.
lunes, 6 de febrero de 2012
Deja que forme tu cuerpo
Deja que forme tu cuerpo
Con estás manos que te sueñan:
Que te tocan
Que se suspenden
En los secretos resquicios,
Deja que te mire,
Que se vuelva rutina mi mirada
Y que nunca aprenda
Cada parte de ti,
Para que cada vez, cada instante,
Seas nueva.
Deja que sea lo etéreo
Que te mima,
Como la ceniza que fue piedra
O como mi abuela que fue bella
Y que mis ojos sean los tuyos.
Eres un capullo
Que la tierra nos regala
Como un tesoro nunca encontrado
Y que tomo, para después cerrarlo.
Deja que nos coma el mundo
La gente, los soles y las lunas,
El polvo y la ceniza,
Vuélvete agua
Que corre, que surge y reverbera.
Ten a bien volverte en viento
Que me recorre
Y que usurpa
Que me envuelve.
Deja que nos invadan las centellas,
Que asechen los lobos
Que se disfrazan de borregas,
Hay mil doncellas ciegas por doquier
Llorando porque quisieran ser ellas.
Deja que te invente como eres
Como un eco que recorre tu aliento
Y se va y viene, y se vuelve a ir,
Pero que siempre regresa.
Y que por fin ante tanto abandono
Sólo una cosa sea cierta,
Que no haya miedo
De dejarte ser en mí.
Con estás manos que te sueñan:
Que te tocan
Que se suspenden
En los secretos resquicios,
Deja que te mire,
Que se vuelva rutina mi mirada
Y que nunca aprenda
Cada parte de ti,
Para que cada vez, cada instante,
Seas nueva.
Deja que sea lo etéreo
Que te mima,
Como la ceniza que fue piedra
O como mi abuela que fue bella
Y que mis ojos sean los tuyos.
Eres un capullo
Que la tierra nos regala
Como un tesoro nunca encontrado
Y que tomo, para después cerrarlo.
Deja que nos coma el mundo
La gente, los soles y las lunas,
El polvo y la ceniza,
Vuélvete agua
Que corre, que surge y reverbera.
Ten a bien volverte en viento
Que me recorre
Y que usurpa
Que me envuelve.
Deja que nos invadan las centellas,
Que asechen los lobos
Que se disfrazan de borregas,
Hay mil doncellas ciegas por doquier
Llorando porque quisieran ser ellas.
Deja que te invente como eres
Como un eco que recorre tu aliento
Y se va y viene, y se vuelve a ir,
Pero que siempre regresa.
Y que por fin ante tanto abandono
Sólo una cosa sea cierta,
Que no haya miedo
De dejarte ser en mí.
jueves, 8 de julio de 2010
Padre amigo
(No es que seas lo más importante en la vida, eres mi padre y eso basta. Y como una parte de un círculo, que eso eres, una parte, un círculo sin una parte, ya no es círculo.)
Parte mía, guardada
Que desde hace mucho
Crece poderosamente
Como semilla sembrada
En la tierra con calor
En agonía.
Éstas, son tus manos
Sus dedos débiles:
Que fuerza, que violencia
Cuando en su espanto
Se forjan como piedra
Y pelean con fantasmas
Que al choque mudo
Se revientan.
Para hablar de ti
Hay que quedarse callado
Cerrar los ojos
Hasta volverse ciego.
Para juzgarte,
Si se vuelve mi deseo
Empezaría por simplezas:
Entendería satán o
Amaría al nazareno.
No te pongas triste
No es fácil ser padre
Ni tampoco ser humano
Andar en rumbos desconocidos
Ahogarse con el propio aliento
Vivir simplemente
Ser ejemplo,
Nada es fácil.
Llorando a oscuras
Nos preguntamos
Dónde está el mal
Cuál es su naturaleza,
Ni tu ni yo ni nadie
Obtuvo respuesta
Y recorrimos el cielo
El mar entero
Como locos sedientos
Sin alma ni consuelo.
Somos de Marte
Pero fingimos
Y habitamos la tierra.
Y engañando tanto
Resultamos engañados
Que caras las mentiras
Resistimos asustados.
Compañero padre
Estaciones del año
Caleidoscopio
Casa de hormigas
Parque de cri-cri
Rueda
Círculo
Piedra
Soy tu fuerza
Tu recuerdo
Que preservas.
Padre
Amigo
Canto espejo
Eres para mí
Un héroe vivo
Que pelea la batalla
La más grande y honesta
La de sí mismo.
Parte mía, guardada
Que desde hace mucho
Crece poderosamente
Como semilla sembrada
En la tierra con calor
En agonía.
Éstas, son tus manos
Sus dedos débiles:
Que fuerza, que violencia
Cuando en su espanto
Se forjan como piedra
Y pelean con fantasmas
Que al choque mudo
Se revientan.
Para hablar de ti
Hay que quedarse callado
Cerrar los ojos
Hasta volverse ciego.
Para juzgarte,
Si se vuelve mi deseo
Empezaría por simplezas:
Entendería satán o
Amaría al nazareno.
No te pongas triste
No es fácil ser padre
Ni tampoco ser humano
Andar en rumbos desconocidos
Ahogarse con el propio aliento
Vivir simplemente
Ser ejemplo,
Nada es fácil.
Llorando a oscuras
Nos preguntamos
Dónde está el mal
Cuál es su naturaleza,
Ni tu ni yo ni nadie
Obtuvo respuesta
Y recorrimos el cielo
El mar entero
Como locos sedientos
Sin alma ni consuelo.
Somos de Marte
Pero fingimos
Y habitamos la tierra.
Y engañando tanto
Resultamos engañados
Que caras las mentiras
Resistimos asustados.
Compañero padre
Estaciones del año
Caleidoscopio
Casa de hormigas
Parque de cri-cri
Rueda
Círculo
Piedra
Soy tu fuerza
Tu recuerdo
Que preservas.
Padre
Amigo
Canto espejo
Eres para mí
Un héroe vivo
Que pelea la batalla
La más grande y honesta
La de sí mismo.
sábado, 15 de mayo de 2010
Otro presagio funesto
Ha comenzado a llover
Oscurece tristemente
Yo no estoy preparado
Algo va a suceder.
Ya es de noche
Pero aun es día
Las calles comienzan a gritar
El barrio esta chillando
¡Mataron a la niña¡
Que nadie por hoy ría
Que no se espantan las mamas
Que los padres no saquen machetes,
Los pañuelos séquense de lágrimas
Séquese el día
Mosca, trasformación, vida.
La tierra absorbió su alma
Se alimentaba de su último aliento
Dócilmente la jalaba
Mientras tres la violaban
Y como oscurece la vela
Se esfumó su ser de esta faz
Su espíritu quedó colgando
En el monte ya no hay hadas
Solo el ataúd de silencio de piedra
Piquetes de pájaros oscuros
Ojos de cemento
El mundo ya no pesa.
Que apresen a todo mundo
Que nos siembren
Que enraicemos,
Nos perdemos.
Un aliento de la niña
Es mi aliento,
Un trozo de esa tierra
Es mi muerte,
Algo de locura
De esos hombres
Es mi razón.
Que enraicemos de nuevo
Para perdonarnos.
Oscurece tristemente
Yo no estoy preparado
Algo va a suceder.
Ya es de noche
Pero aun es día
Las calles comienzan a gritar
El barrio esta chillando
¡Mataron a la niña¡
Que nadie por hoy ría
Que no se espantan las mamas
Que los padres no saquen machetes,
Los pañuelos séquense de lágrimas
Séquese el día
Mosca, trasformación, vida.
La tierra absorbió su alma
Se alimentaba de su último aliento
Dócilmente la jalaba
Mientras tres la violaban
Y como oscurece la vela
Se esfumó su ser de esta faz
Su espíritu quedó colgando
En el monte ya no hay hadas
Solo el ataúd de silencio de piedra
Piquetes de pájaros oscuros
Ojos de cemento
El mundo ya no pesa.
Que apresen a todo mundo
Que nos siembren
Que enraicemos,
Nos perdemos.
Un aliento de la niña
Es mi aliento,
Un trozo de esa tierra
Es mi muerte,
Algo de locura
De esos hombres
Es mi razón.
Que enraicemos de nuevo
Para perdonarnos.
martes, 11 de mayo de 2010
Cuento triste en primera persona
Hubo quienes me dijeron -ten cuidado ¡no queremos tener problemas contigo! porque a la chaparrita ya la vimos con otro-. Yo les respondí, instantaneamente como reacciona el corazón, que no se preocuparan, que yo no soy de los que actuan con escandalo; yo actuo silenciosamente, con dolor en el alma. Entonces la seguí amando.
abril/09
abril/09
domingo, 2 de mayo de 2010
Aguardo antes de irme
Voy a ponerme a hacer un poema
Antes de irme,
A decirme algo para convencerme,
Prometo
No excusarme ni arrepentirme.
Voy a decir tantas cosas
Que al cuarto no le quepa nada más
Para que no sienta que es sobrevivencia,
Que esta se vuelva una dulce penitencia.
Voy a inundar de lágrimas mis pestañas
A hacerme amigo de mis mejillas
A clonarme en lejanas alteridades
Para burlarme de la escuela y sus responsabilidades.
Voy a transformarme en grillo o gato
Y a hablarle a los fantasmas que pasan
Y después de un buen rato
Mistificaré el silencio
Hallaré no una, sino tantas realidades.
Antes de irme,
A decirme algo para convencerme,
Prometo
No excusarme ni arrepentirme.
Voy a decir tantas cosas
Que al cuarto no le quepa nada más
Para que no sienta que es sobrevivencia,
Que esta se vuelva una dulce penitencia.
Voy a inundar de lágrimas mis pestañas
A hacerme amigo de mis mejillas
A clonarme en lejanas alteridades
Para burlarme de la escuela y sus responsabilidades.
Voy a transformarme en grillo o gato
Y a hablarle a los fantasmas que pasan
Y después de un buen rato
Mistificaré el silencio
Hallaré no una, sino tantas realidades.
Tan simple
El ser humano es versátil, se adapta a cualquier lugar. En cambio, yo soy como una flor, sólo enraízo en un tipo de lugar, a un clima específico y con cierto cuidado. No nací con alas, ni soy ornamento de mostrador, soy simple, y como simple, he crecido en la virginidad alumbradora de la tierra, con el viento de los cerros centinelas y con la luz del sol hecha barrio y sombra.
jueves, 8 de abril de 2010
La placa
Hoy me ha quedado claro, sólo para mí, que no todo acto, no todo suceso que es poético es hermoso. Hoy me ha quedado claro que a veces cuando escribo, me alejo tanto del mundo que suelo equivocarme. El hecho de escribir no siempre es un reencuentro con la vida, a veces se vuelve un alejamiento de todo, un ensimismamiento de uno, un rechazo absurdo de la realidad. Entonces ya no me gusta la idea de seguir escribiendo, pero escribo. No me gusta la idea de escribir, no tengo ni las ganas de hacerlo, es tarde, estoy cansado, pero escribir a veces, como ahora solamente, se vuelve una necesidad. Y por necesidad se mueven el mundo y las hormigas. Hoy mi prima me ha dicho: -hoy quiero hacer otro correo, ya no me gusta el que tengo-, yo pienso que lo debería de hacer, es su gusto. También pienso que la energía que más se siente es la qué más se ve, y la que menos se siente menos se ve y por ella debemos tener fe.
Sigo pensando que toda actividad domestica es poética. También sigo empecinado en que toda acción de albañilería es igualmenete poética. De hecho pienso que hasta esa forma ansiosa de jugar con las manos una moneda, es tan poética como cuando veo a alguien lavar un carro o a otro pintar o a un niño hacer un dibujo. En fin, miro que todo acto es poético, lo veo, lo puedo sentir. La diferencia es, que no todo acto poético es hermoso. Supe, por una casualidad, que unos jóvenes chilenos hace algún tiempo hacían actos poéticos para alimentar su reportorio de experiencias poéticas. Creo que sí hay la necesidad de practicar tales cosas, sólo cuando quieres que te queden bien grabadas, bien cimentadas en tu experiencia. Es decir, no hay tanta necesidad de escribir un poema para hacer poesía, pues es la poesía la que antecede al poema, y con eso a la escritura misma. La teoría que hago ahora mismo, es poco importante, pues qué importa cuando antes de escribir ya había surgido el sentimiento. A veces escribo para trasmitir un sentimiento, para sacarlo de esto que es mi cuerpo, para conocerlo también, pero siempre en ese trayecto de su espontaneidad a su llegada en letras ha perdido tanto sentido. Por eso cuando se quieren decir tantas cosas es mejor darse un beso. Por eso mi padre para mi madre fue el que hizo más que lo que dijo, y en eso le estoy profundamente agradecido a mi madre.
Entonces decía, que no todo acto poético es hermoso. Y lo digo porque hace un momento he salido a la “placa” –un cruce de algunas calles donde pasan las rutas de los camiones y donde están la mayoría de los negociosos de este barrio-, y he visto a alguien llegar en su moto, sacar no sé que cosa de su bolsa y dársela a una muchacha. En esa misma esquina, esta la tienda donde estoy comprando. Yo estoy antes; primero están algunos muchachos, de edad al parecer, menores que yo, comprando no sé que cosas. Después de que llega "el de la moto", se le acercan, le hacen bulla, le piden yerba, o quizás crac, o tal vez coca, o qué sé yo, le piden esas cosas porque buscan en el fondo otras, no lo sé. Nadie es bueno ni malo, sólo heredamos un mundo ya con un movimiento. Antes, el barrio era distinto, las calles cambiaron, las banquetas y las calles se han vestido de almidón de cemento. El barrio cambió. Los que aún lo habitan heredan el ritmo de la cantina “el taliban”, compran algo que eleve, que tranquilice, que emocione, que encienda o que haga olvidar muy rápido. Antes yo era esos que delante de mí, en la tienda, compran. Nos pareciamos sólo en que desprendemos del mismo barrio y somos humanos. Antes mis amigos y yo éramos esos, pero teníamos otro ritmo, pues nosotros habíamos creado “la sociedad del garrote”, que se armaba de todos sus integrantes cuando nuestras madres estaban demasiado buenas para dejarnos quedar hasta tarde en la calle. Nuestro ritmo era distinto y fue hace tan poco. La forma de hacer poesía ahora en la “placa” es muy distinta, tan distinta que ni siquiera saben que la hacen. No soy catador de experiencias ajenas, ni trasformador social, sólo no me gusta esta manera nocturna en como el barrio se mueve, como se ha trasformado. Prefiero la mía y la de mis amigos que ya se han ido de aquí. Con ellos hice tanta poesía sin saberlo. Poesía de agua y de luna, de risa nocturna y viajera.
Sigo pensando que toda actividad domestica es poética. También sigo empecinado en que toda acción de albañilería es igualmenete poética. De hecho pienso que hasta esa forma ansiosa de jugar con las manos una moneda, es tan poética como cuando veo a alguien lavar un carro o a otro pintar o a un niño hacer un dibujo. En fin, miro que todo acto es poético, lo veo, lo puedo sentir. La diferencia es, que no todo acto poético es hermoso. Supe, por una casualidad, que unos jóvenes chilenos hace algún tiempo hacían actos poéticos para alimentar su reportorio de experiencias poéticas. Creo que sí hay la necesidad de practicar tales cosas, sólo cuando quieres que te queden bien grabadas, bien cimentadas en tu experiencia. Es decir, no hay tanta necesidad de escribir un poema para hacer poesía, pues es la poesía la que antecede al poema, y con eso a la escritura misma. La teoría que hago ahora mismo, es poco importante, pues qué importa cuando antes de escribir ya había surgido el sentimiento. A veces escribo para trasmitir un sentimiento, para sacarlo de esto que es mi cuerpo, para conocerlo también, pero siempre en ese trayecto de su espontaneidad a su llegada en letras ha perdido tanto sentido. Por eso cuando se quieren decir tantas cosas es mejor darse un beso. Por eso mi padre para mi madre fue el que hizo más que lo que dijo, y en eso le estoy profundamente agradecido a mi madre.
Entonces decía, que no todo acto poético es hermoso. Y lo digo porque hace un momento he salido a la “placa” –un cruce de algunas calles donde pasan las rutas de los camiones y donde están la mayoría de los negociosos de este barrio-, y he visto a alguien llegar en su moto, sacar no sé que cosa de su bolsa y dársela a una muchacha. En esa misma esquina, esta la tienda donde estoy comprando. Yo estoy antes; primero están algunos muchachos, de edad al parecer, menores que yo, comprando no sé que cosas. Después de que llega "el de la moto", se le acercan, le hacen bulla, le piden yerba, o quizás crac, o tal vez coca, o qué sé yo, le piden esas cosas porque buscan en el fondo otras, no lo sé. Nadie es bueno ni malo, sólo heredamos un mundo ya con un movimiento. Antes, el barrio era distinto, las calles cambiaron, las banquetas y las calles se han vestido de almidón de cemento. El barrio cambió. Los que aún lo habitan heredan el ritmo de la cantina “el taliban”, compran algo que eleve, que tranquilice, que emocione, que encienda o que haga olvidar muy rápido. Antes yo era esos que delante de mí, en la tienda, compran. Nos pareciamos sólo en que desprendemos del mismo barrio y somos humanos. Antes mis amigos y yo éramos esos, pero teníamos otro ritmo, pues nosotros habíamos creado “la sociedad del garrote”, que se armaba de todos sus integrantes cuando nuestras madres estaban demasiado buenas para dejarnos quedar hasta tarde en la calle. Nuestro ritmo era distinto y fue hace tan poco. La forma de hacer poesía ahora en la “placa” es muy distinta, tan distinta que ni siquiera saben que la hacen. No soy catador de experiencias ajenas, ni trasformador social, sólo no me gusta esta manera nocturna en como el barrio se mueve, como se ha trasformado. Prefiero la mía y la de mis amigos que ya se han ido de aquí. Con ellos hice tanta poesía sin saberlo. Poesía de agua y de luna, de risa nocturna y viajera.
sábado, 27 de marzo de 2010
El barrio y su risa
Se miraban fijos unos a otros como sorprendidos de lo que estaba pasando. Era la tarde sí, pero a punto estaba de oscurecer. Desde el cuarto, la mayoría de los días, a esas horas se solía escuchar música de tambores, de sonajas y demás instrumentos raros, que a su vez la gente que habitaba las demás casas no comprendían, pero que igualmente sentían una sensación de desconocimiento melódico. Sin embargo, esa tarde fue distinto, los vecinos y demás extraños estaban desconcertados. Comenzó a escucharse la música como la de los demás días, pero cada vez se hacia más intensa; comenzaban entonces a resonar las paredes ante el estruendo de tambores. Aquellos mormullos de cantos de personas se hicieron tan reales, como si atrás de los ladrillos hubiera tantas personas entonando gritos melodiosos. El ritmo era cada vez más candente, ese mismo ritmo que ardía como fuego. Los transeúntes que distraídos pasaban por la calle, sorprendidos, miraban hacia ella, como si sus ojos quisieran también escuchar lo que desde dentro se oía. Comenzó a juntarse la bola, pero a la vez nadie se atrevía a tocar la puerta. En el hogar de al lado, que por cierto, era de una familia numerosa, al principio del ruido no sintió ninguna sospecha, sólo fue que tomaron en cuenta lo que pasaba, cuando la intensidad del sonido comenzaba a ser tan fuerte que ya no podían hablarse normalmente y en vez de ello tenían que gritar para la comunicación cotidiana. En la misma casa había mayores y pequeños, los mayores no hacían más que voltearse a ver los rostros, con una especie de querer tomar las riendas del momento, empero, tan realista era la música, que sentían un leve y misterioso miedo con una extraña incredulidad. El personaje que vivía desde hace un tiempo ahí, era un inquilino de al parecer unos veinticinco años, tranquilo y por momentos demasiado distraído y abstraído en asuntos que se le veía seriamente pensar. No obstante, aún la personalidad tan marcada del hombre, que daba una sensación de rareza, siempre se podía hablar con él, pues para la sorpresa de tantos era demasiado accesible, demasiado amigo de desconocidos. Los de la casa de junto, ya muy inquietos, quisieron irle a tocar y pedirle que le bajara a su música o que le dijera a los integrantes del grupo que había en casa que no tocara tan fuerte. A mi me contaron esa historia, y quien me la contó, a la hora de relatarme la desesperación de los vecinos, decía que a punto de la histeria colectiva, apunto de ello, comenzaron a escuchar. En esta parte es donde yo me detengo, donde me sorprendo al recordar la expresión del rostro de la persona que me ha contado todo. En sus ojos había algo que brillaba, como cuando le brillan los ojos a una persona que dice amar. Le brillaban los ojos, pero no lloraba. Y sin reírse, se dibujaba un contorno más extenso con sus labios estirados, como si a punto de la carcajada se arrepintiera, y mejor decidiera quedarse en ese letargo de placer. Cuando relataba aquello, cuando me explicaba la música, no podía hilar bien las frases, a penas podía sacarlas de su boca. Todo eso, toda esa sensación que se expandió y que me tocó, me hace imaginar la música. Dice que era de tambores, y que eran tantos y de tantos tonos, que parecía un piano y no tambores lo que se escuchaba. También se escuchaban sonajas, que podían arrullar hasta un toro y hacerlo dormir hasta pararle el corazón. Pero lo más impresionante, lo más increíble, eran las voces, los cantos hechos murmullos angelicales. Se escuchaban murmullos de niños, murmullos suaves, y se escuchaban murmullos de adultos. Las voces daban la sensación de estar escuchando colores, más que voces. Por eso mismo, cuando los vecinos sintieron la desesperación y las ganas de ir a pedir que se callara, se contuvieron silenciosamente, y dejaron que cada uno, sin palabras, sintiera lo que ahí pasaba. No sólo los vecinos, sino la gente de la calle quitaron esa cara de asombro y comenzaron a escuchar, a disfrutar la música. Yo rememoro en mis cavilaciones aquella zona en aquellos tiempos, y no puedo decir que fuera de grandes bailadores, más bien la gente de ahí era gente común, que se le veía ir y venir con el transito de la ciudad. No había nada de especial en ese barrio. Y mientras tanto, dentro de la casa, sonaba la música, no paraba, con más ritmo cada vez, con una especie de redobles de tambor que hacían mover los pies de la gente: tum tum tum tum, tum! Y seguía sonando. Dicen que esa tarde fue la locura, que los niños de pronto comenzaron a bailar, y los mayores, inundados por una especie de felicidad evocadora, comenzaron también a bailar. Aquel ritmo cadencioso y mágico envicio el barrio, lo alejó aunque sea por unos momentos de su prejuicio, lo arrastró hacia no sé qué lugar lejos de la exigencia que da nuestra propia naturaleza artificial. Por un momento, todos bailaban; los que estaban descansando descansaron de pie, moviendo los pies; las mujeres movían sus caderas; era el momento de inventar pasos que renombrara el ritmo; era el instante que nadie, absolutamente nadie se ocupaba del reloj, o de lo que tenía que hacer; la gente comenzó a ser el mismo momento. Todos eran lo mismo -todos somos lo mismo-, como agua y piedras, como madera, como grillos en forma de una alargada estela. Los más viejos, aprovecharon el ritmo como ellos sólo lo saben hacer y también lo hicieron suyo. Una pareja de ancianos que desde hace ya mucho tiempo se habían quedado solos y que sólo se les veía sentados mirando el televisor, estaban afuera de casa, al otro lado de la calle: la doña tomaba de la mano a su esposo que sumido en su silla de ruedas reía con el crisol de luz que la luna arrojaba ya sobre sus cuerpos, mientras que la señora con los pies en el mismo lugar movía lentamente las caderas, como desempolvándolas, como si las hiciera recordar viejos tiempos, y las caderas poco a poco fueran recordando con su leve movimiento. Ella miró profundamente a su pareja, como miran los ambivalentes de corazón y le dijo “ay, te acuerdas”. Los niños pegaban saltos por doquier, se reían a carcajadas, y de pronto como si un chinampín explotara a sus espaldas, salían corriendo hacia otro lado solo para regresar al mismo. Los movimientos eran tan graciosos, y todo aquel relajo tenía tan poco sentido, porque no había necesidad de que lo tuviera -y son pocos los sentidos que hay en realidad y que bueno que así sea-, que todos se olvidaban del mañana. Todo se movía con el movimiento, todos tenían la capacidad de ansiar piñatas como cuando niños, todos eran como niños, el barrio dejo de ser el mismo para siempre y se olvidó de su asfalto, de su memoria de plomo, de su coraza de tiempo. La música paró de repente, entre tres o cuatro toquidos de tambor, ¡tacataca pum tacataca pum!, se escucho y paró, y todos reían, todos animados seguían; se había incrustado en sus corazones -que no es lo mismo que decir mente, cerebro o psique- algo que los hizo más simples, algo que les quito menos peso por el resto de sus vidas. Entonces, cada uno, cada dos o tres al mismo tiempo recuperaban la idea del mundo, cada uno recuperaba la exigencia de la duda, unos ya tenían hambre y otros adquirieron el veloz tiempo: todos hablaban y festejaban. Comenzaban a llenar de palabras lo ocurrido, pero sólo hubo uno de los de afuera que se atrevió por fin a tocar la puerta. De adentro se escucho la voz del joven que grito: ¡Aquí no hay nadie, sólo estoy bailando con ustedes! Entonces hubo otra persona más, que respondió: “¡Quién toca ahí adentro, invítanos a pasar! Finiquitó diciendo: “Ya les dije que sólo están ustedes, la música es de ustedes y ya están dentro”.
domingo, 14 de marzo de 2010
Hablemos de mama
(Este poema tiene un significado muy especial, tan especial, que antes de ser escrito, ya estaba. Especial por su brillo propio, pero, cómo puede brillar si ni siquiera alumbra. Alumbra no por sus letras, sino que me hace brillar, me remueve y me hace sentirlo, sin aún escribirlo.)
Alumbradora
Polvo cegador
Luna llena
Que resplandece
Y siempre sueña.
Te quiero porque es de día
Porque el caramelo es dulce
Flor de espuma
Burbuja
Círculo de agua
Ciruela mía.
Oro en silencio
Y te quiero
Pedacito de tortilla
Corazón de bistec,
Me quieres
Que es lo mismo,
Silencio de bebe.
Hablemos de mama
De los volcanes
Del fuego
Del cielo
De nacimiento y muerte,
Luego cantemos
Muralla infinita
Leche tibia
Cama de tela
Arrullo
Ladrillos de mi escuela.
Hablemos de mama
Entonces de creer
De tener fe
De llorar
De no se qué
Pero llorar y nadar.
Digamos su nombre
Que no es reina
Ni virgen
Ni estela,
Se llama abraso
Descanso
Como olor lánguido
De tierra mojada.
Forjémonos asuntos
Rebusquemos la vida
Crucemos las piernas
Y prendamonos lumbre,
Y de tanto en tanto
Ya cansados
Ya espantados
Ante la complicación
Levantemos la mirada.
Quiero hablar de mi madre.
Yo digo su angustia
Por que soy su angustia
Hecha carne,
Y ella no dice nada
Porque no recita
Ni es materia.
Es transparente.
Guardo sus dos ojos
Y su pelo de coral
En un cofre
Siempre abierto
Hecho cuerpo.
Hablemos de ti
De que te quiero tanto
Que lloro,
De que quiero el mundo,
Que amo,
De que juego con las flores
Y sus aguas,
De que acaricio a las bestias
Y me enamoro de la luna,
Y que amo con las manos
Que es lo mismo que quererte.
Te hablo a ti,
Mama de barro
De mi hermano,
Mientras te sientas
Junto a mí
Con tu desvelo
A cuidar mí sueño.
Te digo que no te olvido
Que me reinventas
Que me recreas
Con tus pechos místicos.
Ahora que abro los ojos
Y conozco a papa
A la familia “árbol verde”
A la abuela “reboso”
Tus huaraches y tus palabras,
Sin saber de quererte
Te amo, te respiro, te vivo.
Ahora que conozco al mundo,
Conozco el beso
Me besas
Y siento que es bueno.
Hoy que crezco
Que sé más de las cosas
Pero que menos comprendo de todo,
Te necesito igual
Que en ese primer beso
Cuando aun me sostenía
Aquel cordoncito de madera.
Alumbradora
Polvo cegador
Luna llena
Que resplandece
Y siempre sueña.
Te quiero porque es de día
Porque el caramelo es dulce
Flor de espuma
Burbuja
Círculo de agua
Ciruela mía.
Oro en silencio
Y te quiero
Pedacito de tortilla
Corazón de bistec,
Me quieres
Que es lo mismo,
Silencio de bebe.
Hablemos de mama
De los volcanes
Del fuego
Del cielo
De nacimiento y muerte,
Luego cantemos
Muralla infinita
Leche tibia
Cama de tela
Arrullo
Ladrillos de mi escuela.
Hablemos de mama
Entonces de creer
De tener fe
De llorar
De no se qué
Pero llorar y nadar.
Digamos su nombre
Que no es reina
Ni virgen
Ni estela,
Se llama abraso
Descanso
Como olor lánguido
De tierra mojada.
Forjémonos asuntos
Rebusquemos la vida
Crucemos las piernas
Y prendamonos lumbre,
Y de tanto en tanto
Ya cansados
Ya espantados
Ante la complicación
Levantemos la mirada.
Quiero hablar de mi madre.
Yo digo su angustia
Por que soy su angustia
Hecha carne,
Y ella no dice nada
Porque no recita
Ni es materia.
Es transparente.
Guardo sus dos ojos
Y su pelo de coral
En un cofre
Siempre abierto
Hecho cuerpo.
Hablemos de ti
De que te quiero tanto
Que lloro,
De que quiero el mundo,
Que amo,
De que juego con las flores
Y sus aguas,
De que acaricio a las bestias
Y me enamoro de la luna,
Y que amo con las manos
Que es lo mismo que quererte.
Te hablo a ti,
Mama de barro
De mi hermano,
Mientras te sientas
Junto a mí
Con tu desvelo
A cuidar mí sueño.
Te digo que no te olvido
Que me reinventas
Que me recreas
Con tus pechos místicos.
Ahora que abro los ojos
Y conozco a papa
A la familia “árbol verde”
A la abuela “reboso”
Tus huaraches y tus palabras,
Sin saber de quererte
Te amo, te respiro, te vivo.
Ahora que conozco al mundo,
Conozco el beso
Me besas
Y siento que es bueno.
Hoy que crezco
Que sé más de las cosas
Pero que menos comprendo de todo,
Te necesito igual
Que en ese primer beso
Cuando aun me sostenía
Aquel cordoncito de madera.
sábado, 23 de enero de 2010
Renovándome
Ni soy tan malo como creí
Ni soy tan bueno como pensaba
Y aunque vigilen los fantasmas
Desde niño ya jugaba,
Amaba esta cosa rara
Aquello extraño
Que mi mundo iluminaba
Y cantaba
No sé qué canciones
Que mi oído acostumbraba
Oír la voz de Dios que me arrullaba,
Gozaba la tierra en mis manos
En la maleza
Flor del canto tierna
Luna llena iluminada.
Ni soy tan bueno como pensaba
Y aunque vigilen los fantasmas
Desde niño ya jugaba,
Amaba esta cosa rara
Aquello extraño
Que mi mundo iluminaba
Y cantaba
No sé qué canciones
Que mi oído acostumbraba
Oír la voz de Dios que me arrullaba,
Gozaba la tierra en mis manos
En la maleza
Flor del canto tierna
Luna llena iluminada.
Las florecitas del patio
Que hermosas las florecitas
Que en el cielo van creciendo
Se alimentan de lo malo
De manera que a la tierra limpien
La rectifiquen y purifiquen.
En el patio hay un pedazo
Que en un rincón va cayendo
Se sumerge en un lento sueño
Y entonces ya no tiene esto
Pues va muriendo
-estúpido desmantelamiento- .
Lo verde se levanta como centinela
Alzando la tierra sin cercos
Forjo este espacio llano y libre
Que ahora aniquilamos lentamente
-Dios vacio del asfalto-
-Corazón piedra sangrando-.
Que en el cielo van creciendo
Se alimentan de lo malo
De manera que a la tierra limpien
La rectifiquen y purifiquen.
En el patio hay un pedazo
Que en un rincón va cayendo
Se sumerge en un lento sueño
Y entonces ya no tiene esto
Pues va muriendo
-estúpido desmantelamiento- .
Lo verde se levanta como centinela
Alzando la tierra sin cercos
Forjo este espacio llano y libre
Que ahora aniquilamos lentamente
-Dios vacio del asfalto-
-Corazón piedra sangrando-.
Voltea
Descubro instantes
Albergo esperanzas
Alabanza de las plantas
Reflejos perpetuos
Descubro mundos nuevos
No estoy imaginando
Estoy despierto, vivo.
No lo niego
A veces de sombras me prendo
Me pierdo
Concatenando oscuridades
Palpitares, diablo desierto,
Y me figuro como rio
Profundo como el viento
Debajo de la tierra
Ensombrezco, menguo,
Llamas, oscuridad,
Me pierdo.
Digo que me encuentro
Que me restablezco
En la oscuridad
Ojos del alma
Polvo circular.
Hay días en que deseo
Echarme a llorar
Y no despertar
Hoja muerta, fragilidad
No por miedo ni cobardía
Abrazo a la melancolía
Como alegría fundamental
Esperar: esperanza
Antecesora labranza
Canto presubstancial
Me inmaculo en un sueño
Hálito de realidad.
Contento me despierto
Maravillado de presencia
Levanto mi cara al cielo
Desde el suelo sin ausencia
Amor de abuela, inocencia
Guerrero nuevo
Rey de estrellas
De almendras
¡Que no muera la esperanza!
La vida es seria
Pero es un juego
Risa eterna
¡No palidezcas!
El canto no termina
Si el cantar se vuelve piedra
Que yo no canto ni la maleza,
El humo se vuelve hierba,
Nadie está verdaderamente solo
No seas terco
-Voltea-
-Siente de cerca-.
Albergo esperanzas
Alabanza de las plantas
Reflejos perpetuos
Descubro mundos nuevos
No estoy imaginando
Estoy despierto, vivo.
No lo niego
A veces de sombras me prendo
Me pierdo
Concatenando oscuridades
Palpitares, diablo desierto,
Y me figuro como rio
Profundo como el viento
Debajo de la tierra
Ensombrezco, menguo,
Llamas, oscuridad,
Me pierdo.
Digo que me encuentro
Que me restablezco
En la oscuridad
Ojos del alma
Polvo circular.
Hay días en que deseo
Echarme a llorar
Y no despertar
Hoja muerta, fragilidad
No por miedo ni cobardía
Abrazo a la melancolía
Como alegría fundamental
Esperar: esperanza
Antecesora labranza
Canto presubstancial
Me inmaculo en un sueño
Hálito de realidad.
Contento me despierto
Maravillado de presencia
Levanto mi cara al cielo
Desde el suelo sin ausencia
Amor de abuela, inocencia
Guerrero nuevo
Rey de estrellas
De almendras
¡Que no muera la esperanza!
La vida es seria
Pero es un juego
Risa eterna
¡No palidezcas!
El canto no termina
Si el cantar se vuelve piedra
Que yo no canto ni la maleza,
El humo se vuelve hierba,
Nadie está verdaderamente solo
No seas terco
-Voltea-
-Siente de cerca-.
viernes, 22 de enero de 2010
Nunca nada está tranquilo.
Nunca nada está tranquilo. Las cosas siempre están en movimiento, siempre cambiando. Los colores de mi cuarto están oscureciendo, el mundo se mueve lentamente, el sonido viene desde lejos como estruendo. Mientras yo no me mantengo parado, ni sentado, ni acostado, estoy como levitando, camino volando, y me acuesto como en nubes. Nunca nada está tranquilo. Los estereotipos, tipos estandarizados no son seguros, son efímeros, también oscurecen. Es fantasmagórico el hecho de buscar una base, un fundamento, una forma que imitar, una forma de sentir seguridad, porque nunca nada está tranquilo. No hay principio ni final, pues nada ha empezado, ni tampoco nada ha terminado. La vida es como un vuelo que nunca acaba y que nunca empieza. El hombre es un ser que quiere estar tranquilo, pero que no encuentra tranquilidad, sólo vacio. El futuro no existe, es un engaño, sólo existe el vacio que permite que podamos ocuparlo. Corro con el viento, duermo sobre el cielo, camino sobre el aire, sentado estoy levitando, y nunca estoy quieto. Miedo sólo tienen los que piensan que esto tiene un final, pero nunca nada está tranquilo. Miedo tienen los que piensan que están solos. Miedo tienen los que creen en la muerte. Miedo tienen los que se sienten desamparados u olvidados. La poesía de Galileo consistía en la impotencia de querer salvar su vida, porque la tierra sin embargo se movía, desde los siglos, desde siempre se mueve. Los conceptos por su parte intentan darnos seguridad, de apresar los significados, pero el significado se escapa de todo, como el agua de su cause. Nunca nadie esta preparado, nunca nadie esta seguro, y eso es esto, lo que le llamamos vida. Por eso estoy levitando sobre este piso, inventando metáforas que nunca digan nada, que sea como luz. Por eso me preparo, destiendo mi cama, me desabrocho el cinturón, me quito el casco y sueño ese sueño eterno que es la vida, porque nunca nada está tranquilo.
Bendita sea la rutina.
Tendré que regresar a la rutina de las horas lánguidas,
apartarme del ruido, privarme del tedio y de la risa.
Tendré a bien inmacular las noches, las páginas y los momentos.
Para vivir no basta solamente con respirar, moverse o caminar,
es necesario ir dejando rastros de carne por las azoteas,
por donde los sueños vuelan, por donde el frio no respira.
La vida es un esfuerzo más que vano, más que ufano;
donde no aguarda el comienzo y donde el final no cesa.
Iré de monte en monte, cantando, silbando,
con tal de abrazar estas manos que tanto piensan y que poco escriben.
Es necesario que "yo", Pepe, hombre, amigo, regrese a lo fundamental,
rescatar un poco de olvido, aquello que dicen es la eternidad.
Ir contándome historias que tengan tanto de fantasía como de orgías,
para enganchar mi ombligo a esta vida rara,
que no para por querer desfigurar mi cara y mis ganas.
Por eso no me rindo y exijo libertad,
sublevar de mí apenas un hálito de nobleza,
aunque sé bien, y nadie me lo diga,
que ha estas horas, en este cuarto se guarda un trozo de tristeza.
No pienso redimir las lejanas horas,
sólo quiero recordarlas, guardarlas en dos o tres metáforas
que no digan nada y que se queden calladas en calma,
que aguarden como dice que aguardan las calles empedradas,
por eso tendré que regresar a la rutina de mi cuarto.
apartarme del ruido, privarme del tedio y de la risa.
Tendré a bien inmacular las noches, las páginas y los momentos.
Para vivir no basta solamente con respirar, moverse o caminar,
es necesario ir dejando rastros de carne por las azoteas,
por donde los sueños vuelan, por donde el frio no respira.
La vida es un esfuerzo más que vano, más que ufano;
donde no aguarda el comienzo y donde el final no cesa.
Iré de monte en monte, cantando, silbando,
con tal de abrazar estas manos que tanto piensan y que poco escriben.
Es necesario que "yo", Pepe, hombre, amigo, regrese a lo fundamental,
rescatar un poco de olvido, aquello que dicen es la eternidad.
Ir contándome historias que tengan tanto de fantasía como de orgías,
para enganchar mi ombligo a esta vida rara,
que no para por querer desfigurar mi cara y mis ganas.
Por eso no me rindo y exijo libertad,
sublevar de mí apenas un hálito de nobleza,
aunque sé bien, y nadie me lo diga,
que ha estas horas, en este cuarto se guarda un trozo de tristeza.
No pienso redimir las lejanas horas,
sólo quiero recordarlas, guardarlas en dos o tres metáforas
que no digan nada y que se queden calladas en calma,
que aguarden como dice que aguardan las calles empedradas,
por eso tendré que regresar a la rutina de mi cuarto.
jueves, 21 de enero de 2010
Mascaras del diablo.
Eso es el diablo
El que compartió el principio
El presente al omnipotente
Celoso y rencoroso
No descansa
Y busca entrada
Y entra, daña.
Es él mismo quien
Solo ha aprendido
Alejado de consejos sabios
De tiernas caricias
-Susurro que tiembla-
Sentido y resentido
Se ha forjado el mismo
Molesto
Solo ha aprendido.
Impulsado por sus ganas
Renacidas de ansias miedosas
Copia movimientos
Amita a las hojas
A los camaleones
También a las mariposas.
Y aunque su fuerza Es
Su naturaleza es la mentira
En la mediocridad de la apariencia
-Luciérnaga triste de día-
De polvo se viste a veces
Y vuela y barre
Espera desesperadamente
Espera,
Otras más
Se pone traje de humano
Disfraz atómico
Atenta y mata
Y sólo la lágrima
Honrada rescata
Al alma aterrada
Absurdamente engañada.
Él no se da cuenta
Pero es triste
Como rosa marchita
Como amargura maldita.
Y me busca
Se cuela por mi ventana
Por el lado de la mesa
Grita, corre en mi mente
Hace un desastre
¡Pobre inocente!
Mas nos se da cuenta
Y sale del mundo
Me topa
En leves miradas
Confusas e inmaduras,
Mas es él mismo nadie más
Quien trata de engañar
Y se engaña a sí mismo.
El que compartió el principio
El presente al omnipotente
Celoso y rencoroso
No descansa
Y busca entrada
Y entra, daña.
Es él mismo quien
Solo ha aprendido
Alejado de consejos sabios
De tiernas caricias
-Susurro que tiembla-
Sentido y resentido
Se ha forjado el mismo
Molesto
Solo ha aprendido.
Impulsado por sus ganas
Renacidas de ansias miedosas
Copia movimientos
Amita a las hojas
A los camaleones
También a las mariposas.
Y aunque su fuerza Es
Su naturaleza es la mentira
En la mediocridad de la apariencia
-Luciérnaga triste de día-
De polvo se viste a veces
Y vuela y barre
Espera desesperadamente
Espera,
Otras más
Se pone traje de humano
Disfraz atómico
Atenta y mata
Y sólo la lágrima
Honrada rescata
Al alma aterrada
Absurdamente engañada.
Él no se da cuenta
Pero es triste
Como rosa marchita
Como amargura maldita.
Y me busca
Se cuela por mi ventana
Por el lado de la mesa
Grita, corre en mi mente
Hace un desastre
¡Pobre inocente!
Mas nos se da cuenta
Y sale del mundo
Me topa
En leves miradas
Confusas e inmaduras,
Mas es él mismo nadie más
Quien trata de engañar
Y se engaña a sí mismo.
lunes, 11 de enero de 2010
Ir creciendo.
No contesto reclamos
Ni halagos de vidrio hago
Mas mantengo mi soberanía
De mis ansias y mis ganas
Ante el roce de miradas llanas.
Distraído en vanidades
Busco estilo propio en el viento
Mas mi padre agricultor dejó
Raíces invisibles:
Mis pies apuntalados de ellas están.
Ni halagos de vidrio hago
Mas mantengo mi soberanía
De mis ansias y mis ganas
Ante el roce de miradas llanas.
Distraído en vanidades
Busco estilo propio en el viento
Mas mi padre agricultor dejó
Raíces invisibles:
Mis pies apuntalados de ellas están.
domingo, 10 de enero de 2010
La mañana, tierno día.
I
Amanecí
En un día calmo
Como la calma
De un día hermoso.
Los pájaros
Despiertan en leves cantos
Las entramadas raíces
De los árboles
Del día.
Se respira la gracia
Del despertar del pasto
Y como en cascada
Los bonitos recuerdos
Niño nostálgico.
II
Bendito sea el día
Que me despierta
De la tristeza fosca
Del dormir hecho rutina
Del misterio de la estancia.
Presencio
Diversos despertares
Como el de esta luz
Centella del guerrero
Triunfo de las plantas
Y del que ha inventado
Su cama por el mundo.
Yo despierto al día
Las cosas contentas
Saltan mojadas en sus ansias
Saludan y aman
A mi familia
A los menores
A todas mis generaciones.
III
Quiero abrazar
Bien fuerte al día
A la melancolía
Ensoñar en un sueño de luz
Fantasear
Llave impaciente,
¡Yo quiero ser el día!
La mañana,
Sus resplandores
No envidian,
Regalan la alternativa
A mi colonia y a su gente,
Y la colonia se prepara
Para amar esta esperanza.
IV
¡Quiero ser el día!
Unir corazones
Amanecer despertares
Dar esencia a la jabonadura
Remendar alfileres
Y dar vida a la escoba.
¡Quiero ser el día!
Esperar el humo de los camiones
Inundarme de risas
Niños de chocolate,
Abrazar a los perros
Y a sus dueños
Los pordioseros.
Quiero ser la mañana
Abrir horizontes celestes
Dar filo al machete
Y asiento a la banca.
V
¡Ya no puedo ser el día!
Se me baja el sueño
Me convierto en hombre,
Sólo quiero amarlo:
Pasar el resto de la vida
Con esta tierna agonía
De querer ser el día.
Amanecí
En un día calmo
Como la calma
De un día hermoso.
Los pájaros
Despiertan en leves cantos
Las entramadas raíces
De los árboles
Del día.
Se respira la gracia
Del despertar del pasto
Y como en cascada
Los bonitos recuerdos
Niño nostálgico.
II
Bendito sea el día
Que me despierta
De la tristeza fosca
Del dormir hecho rutina
Del misterio de la estancia.
Presencio
Diversos despertares
Como el de esta luz
Centella del guerrero
Triunfo de las plantas
Y del que ha inventado
Su cama por el mundo.
Yo despierto al día
Las cosas contentas
Saltan mojadas en sus ansias
Saludan y aman
A mi familia
A los menores
A todas mis generaciones.
III
Quiero abrazar
Bien fuerte al día
A la melancolía
Ensoñar en un sueño de luz
Fantasear
Llave impaciente,
¡Yo quiero ser el día!
La mañana,
Sus resplandores
No envidian,
Regalan la alternativa
A mi colonia y a su gente,
Y la colonia se prepara
Para amar esta esperanza.
IV
¡Quiero ser el día!
Unir corazones
Amanecer despertares
Dar esencia a la jabonadura
Remendar alfileres
Y dar vida a la escoba.
¡Quiero ser el día!
Esperar el humo de los camiones
Inundarme de risas
Niños de chocolate,
Abrazar a los perros
Y a sus dueños
Los pordioseros.
Quiero ser la mañana
Abrir horizontes celestes
Dar filo al machete
Y asiento a la banca.
V
¡Ya no puedo ser el día!
Se me baja el sueño
Me convierto en hombre,
Sólo quiero amarlo:
Pasar el resto de la vida
Con esta tierna agonía
De querer ser el día.
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