Todos los años en las fiestas patrias en la placa se hacía el fiestón. Los organizadores de las fiestas desde unos meses antes iban de casa en casa pidiendo dinero para poder solventar los gastos de grupos musicales, luchas libres, juegos artificiales y demás eventos jocosos que a la gente de los barrios cercanos les gustara. El jolgorio comenzaba desde que veíamos que armaban los fierros viejos que formaban el rin, y a poner las tablas apolilladas que servirían para soportar a los músicos. La imaginación mía y de mis amigos era la misma como la de un día antes de el día de Reyes. Corríamos para un lado como chinanpines y corríamos para el otro como tocotines anunciando el regocijo de las fiestas patrias. Con el tiempo nos fuimos enterando del significado de esas fiestas, de las historias de la independencia y de nuestros antepasados, pero mientras era más sorprendente ver todo tan grande y lleno de colores. Dos días antes del mero día del grito ya estábamos prendidos del rin para ver luchar a esos personajes que parecían pegarse con brutalidad. Los más soñadores quizás alababan desde la banqueta a los técnicos y los más sinceros gritaban improperios en contra de los rudos. Tengo que reconocer a través de mi débil memoria que por momentos pensaba que los rudos se nos venían contra nosotros. Parecían que estaban realmente enojados, pues contestaban con el mismo tono hiriente con que los chamacos se les dirigían. Después de que veíamos tirarse, pegarse y volar a los luchadores, el rin quedaba al desnudo para que los chamacos más ufanos se treparan y se metieran los guates en las manos y comenzaran a pelear. Ni yo, ni ningún amigo mio se subió al rin a hacer gala de sus más temibles golpes imaginarios. Sólo nos quedábamos a ver quien se sonaba a quien y apretujados por un montón de chamacos que gritaban y gritaban, quién sabe qué cosas. Cuando todo terminaba era la oportunidad de los más tímidos para subirse a la lona. Nos aventábamos de un lado para el otro, de una cuerda hacia la otra queriendo imitar lo que pasados momentos habíamos visto. Pero después de un rato nos aburríamos y no había quien sacara un balón de futbol descocido o en los peores casos ponchado y nos pusiéramos a jugar futbol, o como nosotros siempre le dijimos: a echar la cascara. Piedras de sobra había, por lo que las usábamos para formar las porterías. Y así se pasaba la tarde hasta que alguna inoportuna madre llamaba a alguno de nosotros. Y de ahí, como si se hubieran puesto de acuerdo las demás mamás y papás, nos metían. Al único que no le gritaban pero le chiflaban, con un silbido tan fuerte que se escuchaba hasta la otra cuadra, era al “sapo”, que se iba hacia su casa cabizbajo. Desmoralizados nos metíamos a nuestras casas, sólo pensando en el día siguiente. Y de nuevo las luchas y la algarabía de todos los muchachos animando como en coro todo el teatrito. Ya mi mamá me metía a bañar, ya me secaba, me vestía para prepararme e ir a la placa de nuevo. Si por mi fuera, el baño no hacía falta para salir, y con cada espera, solamente más crecía mi ansia. Entonces comenzaba a sonar la música que se escuchaba hasta mi casa y comenzaba el trote con los demás hacia el sonido chunchaquero de aquellos tiempos. Todo aquel borlote era un crisol de oportunidades para enrolarse en aventuras inimaginables. Por este lado estaban los churros, por este otro estaban las memelas, todo rodeado de puestos de comida y por montones de gentes que venían de barrios un poco más lejanos, que en aquellos tiempos me parecían remotos. Sin embargo, había un lado especial, uno que todos veíamos y que esperábamos con ansias. Era donde estaba el torito. Siempre me pareció que la persona que se echaba a cuestas el torito estaba loco para hacer aquel acto suicida. Una vez, cuando mi tía y mi primo fueron a visitarnos, estando lejos del torito y de su escarbado camino, una chinanpina o buscapiés se le metió entre los pies de mi primo Paco. Acto seguido, comenzó a correr espantada. No sabía si preocuparme o reírme. Unas horas antes del grito, el grupo comenzaba a tocar las canciones que estaban de moda en el barrio y yo creo que en muchos barrios de la ciudad. Y en un momento del cual no quisiera recordar, por la vergüenza, llama el grupo musical a alguien echarse el palomaso. Mi mamá que le gustaba el relajo y que carecía de vergüenza hacia su hijo, fue semi remolcada por mis amigos hacia el estrado. Y aunque “pastillas de amnesia” no fue la canción más popular de Bronco, es la que más recuerdo. Con voz entre chillona y desafinada, mi madre comenzó a cantar mientras que mis amigos se la pasaban de lo lindo al ver que su candidata estaba teniendo su momento de existo en el barrio y que su hijo se agachaba para que no lo vieran. Después de que se me bajara el rubor de mis mejillas, entrada la noche, paró todo el borlote habido y por haber. Y con miradas centellantes observábamos como salía el torito de aquel cuarto de tablas en que lo tenían guardado. Levemente, entre espanto y emoción, nos comenzábamos a alejar y a buscar un lugar más seguro entre la gente para que un cuete no nos fuera a explotar en la piernas o en el peor de los casos en nuestras caras. Comenzaban a encenderse las mechas y ya todo aquello era un escandalo y todos corríamos de un lado para el otro. El torito siempre fue atrevido, se le aventaba a la gente mientras sus luces reverberaban en el cielo y en el suelo. Uno quería que el torito no se apagara, porque cada vez que se apagaba algo en notros también lo hacía. Cuando el torito se apagaba y quedaba tendido en la calle era la oportunidad perfecta para que el más suertudo de los chamacos se lo echara encima y comenzara a correr como entrenando aquel oficio suicida. En eso, los distinguidos se subían al estrado, el que antes había sido ocupado por mi madre y su poco repertorio de canciones maltrechas, y comenzaban a exaltar la independencia y a sus héroes. Y aunque parecía que eso terminaría, era un cuento de nunca acabar, los músicos se echaban encima sus pobres instrumentos y de nuevo a tocar las canciones del momento del barrio. Sin embargo, ya era demasiado tarde para los que éramos niños y teníamos que irnos a meter a nuestras casas y a nuestras camas para soñar con el próximo año del grito, de sus luchas libres, de su torito, de sus puestos y de su música, en que por un momento, nuestras almas se engrandecían y sumergían con las más sinceras ilusiones.
Dedicado con cariño a mis amigos Iván, Beto, Adrián, Pibe, Mari, Araceli, Deysi, Richar y Luis, que alguna vez nuestros anhelos fueron los mismos.
sábado, 17 de marzo de 2012
lunes, 6 de febrero de 2012
Deja que forme tu cuerpo
Deja que forme tu cuerpo
Con estás manos que te sueñan:
Que te tocan
Que se suspenden
En los secretos resquicios,
Deja que te mire,
Que se vuelva rutina mi mirada
Y que nunca aprenda
Cada parte de ti,
Para que cada vez, cada instante,
Seas nueva.
Deja que sea lo etéreo
Que te mima,
Como la ceniza que fue piedra
O como mi abuela que fue bella
Y que mis ojos sean los tuyos.
Eres un capullo
Que la tierra nos regala
Como un tesoro nunca encontrado
Y que tomo, para después cerrarlo.
Deja que nos coma el mundo
La gente, los soles y las lunas,
El polvo y la ceniza,
Vuélvete agua
Que corre, que surge y reverbera.
Ten a bien volverte en viento
Que me recorre
Y que usurpa
Que me envuelve.
Deja que nos invadan las centellas,
Que asechen los lobos
Que se disfrazan de borregas,
Hay mil doncellas ciegas por doquier
Llorando porque quisieran ser ellas.
Deja que te invente como eres
Como un eco que recorre tu aliento
Y se va y viene, y se vuelve a ir,
Pero que siempre regresa.
Y que por fin ante tanto abandono
Sólo una cosa sea cierta,
Que no haya miedo
De dejarte ser en mí.
Con estás manos que te sueñan:
Que te tocan
Que se suspenden
En los secretos resquicios,
Deja que te mire,
Que se vuelva rutina mi mirada
Y que nunca aprenda
Cada parte de ti,
Para que cada vez, cada instante,
Seas nueva.
Deja que sea lo etéreo
Que te mima,
Como la ceniza que fue piedra
O como mi abuela que fue bella
Y que mis ojos sean los tuyos.
Eres un capullo
Que la tierra nos regala
Como un tesoro nunca encontrado
Y que tomo, para después cerrarlo.
Deja que nos coma el mundo
La gente, los soles y las lunas,
El polvo y la ceniza,
Vuélvete agua
Que corre, que surge y reverbera.
Ten a bien volverte en viento
Que me recorre
Y que usurpa
Que me envuelve.
Deja que nos invadan las centellas,
Que asechen los lobos
Que se disfrazan de borregas,
Hay mil doncellas ciegas por doquier
Llorando porque quisieran ser ellas.
Deja que te invente como eres
Como un eco que recorre tu aliento
Y se va y viene, y se vuelve a ir,
Pero que siempre regresa.
Y que por fin ante tanto abandono
Sólo una cosa sea cierta,
Que no haya miedo
De dejarte ser en mí.
jueves, 8 de julio de 2010
Padre amigo
(No es que seas lo más importante en la vida, eres mi padre y eso basta. Y como una parte de un círculo, que eso eres, una parte, un círculo sin una parte, ya no es círculo.)
Parte mía, guardada
Que desde hace mucho
Crece poderosamente
Como semilla sembrada
En la tierra con calor
En agonía.
Éstas, son tus manos
Sus dedos débiles:
Que fuerza, que violencia
Cuando en su espanto
Se forjan como piedra
Y pelean con fantasmas
Que al choque mudo
Se revientan.
Para hablar de ti
Hay que quedarse callado
Cerrar los ojos
Hasta volverse ciego.
Para juzgarte,
Si se vuelve mi deseo
Empezaría por simplezas:
Entendería satán o
Amaría al nazareno.
No te pongas triste
No es fácil ser padre
Ni tampoco ser humano
Andar en rumbos desconocidos
Ahogarse con el propio aliento
Vivir simplemente
Ser ejemplo,
Nada es fácil.
Llorando a oscuras
Nos preguntamos
Dónde está el mal
Cuál es su naturaleza,
Ni tu ni yo ni nadie
Obtuvo respuesta
Y recorrimos el cielo
El mar entero
Como locos sedientos
Sin alma ni consuelo.
Somos de Marte
Pero fingimos
Y habitamos la tierra.
Y engañando tanto
Resultamos engañados
Que caras las mentiras
Resistimos asustados.
Compañero padre
Estaciones del año
Caleidoscopio
Casa de hormigas
Parque de cri-cri
Rueda
Círculo
Piedra
Soy tu fuerza
Tu recuerdo
Que preservas.
Padre
Amigo
Canto espejo
Eres para mí
Un héroe vivo
Que pelea la batalla
La más grande y honesta
La de sí mismo.
Parte mía, guardada
Que desde hace mucho
Crece poderosamente
Como semilla sembrada
En la tierra con calor
En agonía.
Éstas, son tus manos
Sus dedos débiles:
Que fuerza, que violencia
Cuando en su espanto
Se forjan como piedra
Y pelean con fantasmas
Que al choque mudo
Se revientan.
Para hablar de ti
Hay que quedarse callado
Cerrar los ojos
Hasta volverse ciego.
Para juzgarte,
Si se vuelve mi deseo
Empezaría por simplezas:
Entendería satán o
Amaría al nazareno.
No te pongas triste
No es fácil ser padre
Ni tampoco ser humano
Andar en rumbos desconocidos
Ahogarse con el propio aliento
Vivir simplemente
Ser ejemplo,
Nada es fácil.
Llorando a oscuras
Nos preguntamos
Dónde está el mal
Cuál es su naturaleza,
Ni tu ni yo ni nadie
Obtuvo respuesta
Y recorrimos el cielo
El mar entero
Como locos sedientos
Sin alma ni consuelo.
Somos de Marte
Pero fingimos
Y habitamos la tierra.
Y engañando tanto
Resultamos engañados
Que caras las mentiras
Resistimos asustados.
Compañero padre
Estaciones del año
Caleidoscopio
Casa de hormigas
Parque de cri-cri
Rueda
Círculo
Piedra
Soy tu fuerza
Tu recuerdo
Que preservas.
Padre
Amigo
Canto espejo
Eres para mí
Un héroe vivo
Que pelea la batalla
La más grande y honesta
La de sí mismo.
sábado, 15 de mayo de 2010
Otro presagio funesto
Ha comenzado a llover
Oscurece tristemente
Yo no estoy preparado
Algo va a suceder.
Ya es de noche
Pero aun es día
Las calles comienzan a gritar
El barrio esta chillando
¡Mataron a la niña¡
Que nadie por hoy ría
Que no se espantan las mamas
Que los padres no saquen machetes,
Los pañuelos séquense de lágrimas
Séquese el día
Mosca, trasformación, vida.
La tierra absorbió su alma
Se alimentaba de su último aliento
Dócilmente la jalaba
Mientras tres la violaban
Y como oscurece la vela
Se esfumó su ser de esta faz
Su espíritu quedó colgando
En el monte ya no hay hadas
Solo el ataúd de silencio de piedra
Piquetes de pájaros oscuros
Ojos de cemento
El mundo ya no pesa.
Que apresen a todo mundo
Que nos siembren
Que enraicemos,
Nos perdemos.
Un aliento de la niña
Es mi aliento,
Un trozo de esa tierra
Es mi muerte,
Algo de locura
De esos hombres
Es mi razón.
Que enraicemos de nuevo
Para perdonarnos.
Oscurece tristemente
Yo no estoy preparado
Algo va a suceder.
Ya es de noche
Pero aun es día
Las calles comienzan a gritar
El barrio esta chillando
¡Mataron a la niña¡
Que nadie por hoy ría
Que no se espantan las mamas
Que los padres no saquen machetes,
Los pañuelos séquense de lágrimas
Séquese el día
Mosca, trasformación, vida.
La tierra absorbió su alma
Se alimentaba de su último aliento
Dócilmente la jalaba
Mientras tres la violaban
Y como oscurece la vela
Se esfumó su ser de esta faz
Su espíritu quedó colgando
En el monte ya no hay hadas
Solo el ataúd de silencio de piedra
Piquetes de pájaros oscuros
Ojos de cemento
El mundo ya no pesa.
Que apresen a todo mundo
Que nos siembren
Que enraicemos,
Nos perdemos.
Un aliento de la niña
Es mi aliento,
Un trozo de esa tierra
Es mi muerte,
Algo de locura
De esos hombres
Es mi razón.
Que enraicemos de nuevo
Para perdonarnos.
martes, 11 de mayo de 2010
Cuento triste en primera persona
Hubo quienes me dijeron -ten cuidado ¡no queremos tener problemas contigo! porque a la chaparrita ya la vimos con otro-. Yo les respondí, instantaneamente como reacciona el corazón, que no se preocuparan, que yo no soy de los que actuan con escandalo; yo actuo silenciosamente, con dolor en el alma. Entonces la seguí amando.
abril/09
abril/09
domingo, 2 de mayo de 2010
Aguardo antes de irme
Voy a ponerme a hacer un poema
Antes de irme,
A decirme algo para convencerme,
Prometo
No excusarme ni arrepentirme.
Voy a decir tantas cosas
Que al cuarto no le quepa nada más
Para que no sienta que es sobrevivencia,
Que esta se vuelva una dulce penitencia.
Voy a inundar de lágrimas mis pestañas
A hacerme amigo de mis mejillas
A clonarme en lejanas alteridades
Para burlarme de la escuela y sus responsabilidades.
Voy a transformarme en grillo o gato
Y a hablarle a los fantasmas que pasan
Y después de un buen rato
Mistificaré el silencio
Hallaré no una, sino tantas realidades.
Antes de irme,
A decirme algo para convencerme,
Prometo
No excusarme ni arrepentirme.
Voy a decir tantas cosas
Que al cuarto no le quepa nada más
Para que no sienta que es sobrevivencia,
Que esta se vuelva una dulce penitencia.
Voy a inundar de lágrimas mis pestañas
A hacerme amigo de mis mejillas
A clonarme en lejanas alteridades
Para burlarme de la escuela y sus responsabilidades.
Voy a transformarme en grillo o gato
Y a hablarle a los fantasmas que pasan
Y después de un buen rato
Mistificaré el silencio
Hallaré no una, sino tantas realidades.
Tan simple
El ser humano es versátil, se adapta a cualquier lugar. En cambio, yo soy como una flor, sólo enraízo en un tipo de lugar, a un clima específico y con cierto cuidado. No nací con alas, ni soy ornamento de mostrador, soy simple, y como simple, he crecido en la virginidad alumbradora de la tierra, con el viento de los cerros centinelas y con la luz del sol hecha barrio y sombra.
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